miércoles, 14 de mayo de 2008

DELIVERY / THE CATHEDRAL

El mundo de la animación ha sido muy poco tratado en este blog, desde aquél Vincent de Tim Burton hace ya unos meses. Sin embargo los avances en este campo están siendo formidables, y aunque las palículas y cortos de animación de Pixar son las más celebradas (su calidad es sobradamente reconocida) otros muchos artistas no tan conocidos son capaces de crear mundos igualmente bellos y fascinantes, y, lo que es más importante, alejados de ese infantilismo inevitable de los productos Disney (sin ponerle pegas, ojo). El cine de animación puede y debe ser igualmente vehículo de ideas, y no reducirse a una mera farándula bajo la excusa de su espectacularidad e idiosincrasia visual.

No me resisto pues a dejaros un par de maravillas que hace tiempo encontré navegando por la red. El primero, Delivery, es un cortometraje de Till Nowak, un joven creador alemán, que narra la historia de un peculiar jardinero. Atención a la música y los efectos de luz, además de a su creatividad desbordante. Una historia sencilla en apariencia (aunque plantea enormes cuestiones), y sobre todo conmovedora. El segundo es The Cathedral, del artista polaco Tomek Baginski, y es aún más inquietante, pero aterradoramente bello. Atención a la metamorfosis final del personaje... ¡Disfrutad, revolucionarios!




Delivery (2005)


The Cathedral (2002)

Por cierto: ninguno de los dos cortos tiene diálogo alguno. Una muestra más de lo insulsas o redundantes que pueden resultar las palabras cuando se tiene una buena idea. En estos casos es mejor que ésta hable por sí misma, dejar que se exprese. Y en este afán la música siempre ha sido un compañero indispensable.

Plop.

domingo, 11 de mayo de 2008

WAKE UP!

¡Despertad! Es la hora de gritar y enfurecerse contra el mundo, de alegrarse de que también el mundo se enfurezca con nosotros; disfrutad de ser inaceptables, de chocar contra las convenciones, qué se yo, haced algo de lo que nunca os sintáis orgullosos, pero que cuando lo recordéis os evidencie que alguna vez estuvisteis realmente inspirados. Un hombre que disfruta de un paisaje mientras cien mil ven Salsa Rosa está haciendo la revolución. Buscad soluciones a lo que parece irremediable, frotaos los ojos y volved a mirar. Bajo las palabras desgastadas, tergiversadas, manipuladas, vacías, ambigüas, confusas, la realidad sigue estando ahí. Y os aguarda con la mayor de las sonrisas. Sacudíos los fantasmas del sueño, quitaos las legañas, desconectad al Gran Hermano. Nadie nos vigila. Pero eso no significa que no seamos culpables.

Dos hombres miran el paisaje desde lo alto de un monte. El primero ha subido andando, y el segundo en un todoterreno. Cuando el primero se sienta, saca la cantimplora y le da un largo trago. El segundo no tiene sed, pero en cambio dice, disgustado: Bah, no era para tanto, menos mal que he subido en coche, para lo que habia que ver... Pero el primero no le escucha. De hecho hace ya bastante rato que dejó de escucharle...

Ambos están mirando lo mismo, pero no ven lo mismo.

Despertad.

Rage against the machine, Wake up!


System of a Down, Chop Suey!


Melissa Etheridge, I need to wake up

PLOP!

lunes, 5 de mayo de 2008

CUBE (1998)



Para muchos amantes del cine escuchar el título cube es suficiente para ponerse en guardia, semejante a cuando uno oye el nombre de su novela favorita, o la musiquilla de aquella canción que su madre ponía en la radio mientras le cocinaba su comida favorita. Como todas aquellas películas que han supuesto un punto y aparte en la historia de un género concreto, es fácil caer en la reverencia o la idolatría.. En efecto, estos títulos tienen en común no el dar origen a estos géneros (Pues éstos ya poseían sus propias películas míticas de referncia) sino más bien el actualizarlos mediante un renacimiento formal y conceptual, dándoles una vuelta de tuerca y aportando frescura a lo que parecía no tener más salida que la extinción. Así pasó con Star Wars y Jurassic Park para la ciencia ficción, con Seven o El silencio de los Corderos para el thriller policíaco o con La Lista de Schindler para el género histórico. En el caso de Cube, aunque a medio camino entre la ciencia ficción y el terror (físico y psicológico), parece claro que asistimos a una nueva concepción del espacio y el tiempo, que ha tenido una enorme influencia en el cine posterior, incluso en el más comercial.


Basta con revisar títulos recientes para darnos cuenta de esto. A nadie se le escapa en qué estaban pensando los responsables de Saw cuando establecieron su famosa premisa inicial: dos hombres en una habitación (“Oh, Dios mío, ¿Qué hacemos aquí?") y una mente perversa y superior que los mantiene capturados. Lo mismo que en Mentes en blanco (bastante mala por cierto), o, barriendo hacia casa, ¿De qué va La Habitación de Fermat?


En efecto: una serie de realizadores se han dado cuenta del potencial de la habitación vacía, pero que está vacía por algo: no es el bombardeo de objetos, efectos, el atiborramiento de la pantalla, lo que inquieta al espectador, sino la contemplación de lo hueco: un espacio vacío es incómodo e inquietante, y hace referencia a algo distinto según la subjetividad de cada espectador. Como cuando contemplamos un sarcófago vacío, y pensamos en el muerto que un día ocupará su interior, o inspeccionamos los hornos crematorios de un campo de concentración, ahora vacíos, y pensamos en los infelices que allí se consumieron. Porque el vacío significa lo que no está presente, pero puede estarlo, al igual que el silencio remite a las palabras que vinieron antes, o vendrán después de él. Todo espacio implica un contenido potencial, y la habilidad del cineasta para llenarlo (de lo que quiera) resulta crucial.

Cube es un pavoroso paseo hacia nuestro subconsciente, al más puro estilo freudiano: nuestros deseos reprimidos hayan paradójicamente en la represión física exterior un camino de evacuación furibundo e incontrolable. Mann gegen Mann, el hombre es un lobo para el hombre, como decía Unamuno, y cuando la situación es extrema las medidas desesperadas parecen la única solución.



La atmósfera opresiva, enfermiza, desesperadamente aséptica, contrasta con el drama humano que se vive en el interior del cubo. El sufrimiento de los pobres infelices constituye en realidad el espíritu y la razón de ser de unas trampas que sólo tienen sentido cuando un pobre desgraciado cae en ellas. Decir que Cube es una sublimación del horror más primitivo, ya que juega con nuestros miedos instintivos (la claustrofobia, el dolor físico, lo desconocido) como si de un juguete se tratara, exponiéndolos ante nuestros ojos hasta el punto de hacerlos irreales. La empatía con los personajes se produce por tanto de forma inconsciente, con el colectivo y no con el individuo: comprendemos su terror, su angustia, pero, participando también en el juego, tenemos curiosidad por saber cuál perecerá, qué superhombre reúne las condiciones necesarias para salir de semejante lugar.


Experimentamos con los personajes como si fueran cobayas, sentimos lástima por ellos, pero no deseamos que se salven, sino ver hasta dónde son capaces de llegar.

El drama y el horror hacen su aparición rápidamente, ya desde la primera escena del film, en la que un desconocido es convertido en un abrir y cerrar de ojos en decenas de pastillas avecrem. Pero junto a este horror aparece ante todo una tremenda curiosidad. ¿De qué trata Cube? ¿Quién en su sano juicio ha construido semejante artilugio? ¿por qué son ellos y no otros los elegidos? Sólo los que sepan entender el cubo, pensar como pensó quien los encerró allí, hallarán la respuesta.

Mi calificación: 9

domingo, 27 de abril de 2008

CHILDREN OF MEN (2006)

Cuando es la forma la que vence al contenido



Imaginaos que estamos en el año 2027 (o sea, dentro de nada): el mundo es un poquito más oscuro y más rallante, si cabe, y la humanidad ha caído presa de uno de sus miedos más ancestrales. No hay revolución que valga ante lo que parece una mala broma del destino: desde hace 19 años no ha nacido un solo niño en la tierra. La población va envejeciendo, las guarderías se vacían, los fabricantes de dodotis se arruinan y para colmo los políticos (sorprendentemente) entran en un estado de parálisis cerebral que les lleva a adoptar medidas desesperadas de control y represión ante el fanatismo de los que aún esperan la llegada de una especie de Mesías. Ante semejante situación, la burocracia parece el único refugio posible para aquellos que simulan llevar una vida normal. Pero casi todos aceptan lo inevitable, y se dejan caer hacia lo irracional: el nihilismo, el vandalismo y la más absoluta insumisión, mientras otros aún luchan por mantener el orden.



Children of men pasó sin pena ni gloria por las salas de nuestro país. Cierto es que no vino secundada por una fastuosa campaña de marketing (a diferencia de otros títulos del mismo estilo, como la reciente Soy leyenda), ni cuenta en su elenco de actores con grandes caras (si exceptuamos a Juliane Moore, a la que los productores se encargan pronto de eliminar). Incluso podemos añadir que el tema (al menos como propuesta apocalíptica) si bien puede sonar innovador, no se aleja de los tópicos finmundistas de otros muchos filmes. ¿Qué nos queda entonces?

“Pues nada, porque si lo que falla es la propuesta, el guión, lo demás no es sino puro artificio”.

Y aquí es cuando en nuestro caso, y milagrosamente, la forma viene en ayuda del contenido. (Y eso que el guión no es absoluto mediocre, como veremos).

Es cierto que los críticos habitualmente tienden a mirar de manera casi despectiva a la forma (entendida como una especie de “envoltorio de colorines”, es decir: efectos visuales, alardes de fotografía, coreografías espectaculares y esas cosas), pues suele señalarse (y en ocasiones no sin razón) que ésta actúa a menudo como señuelo para distraer la atención de otros aspectos mucho más mediocres, sobre todo en lo referente al contenido. Los ejemplos abundan: ¿Quién va hoy día a ver cine comercial estadounidense buscando una historia que le emocione, que le haga replantearse la vida, o por lo menos removerse en la butaca? Ni el tato.


A este respecto, Children of men requiere algunas matizaciones. Primero porque se trata de un film pseudo-filosófico donde la figura del autor es mucho más visible que en las superproducciones convencionales. Segundo, porque no se trata de una superproducción, sino de una película soberbiamente apañada, hasta el punto de que visualmente impresiona muchísimo más que otras que quintuplican su presupuesto.

Y el secreto lo tiene una eficaz labor de coordinación, planificación y producción a pie de calle que deja literalmente con la boca abierta al espectador. Y no me refiero sólo a los increíbles planos-secuencia, coordinando decenas de extras, explosiones, movimientos de cámaras imposibles (uno de ellos dura más de 8 minutos, y es sencillamente increíble), en los que la inmersión en la acción es total (¡por una vez se usa la cámara al hombro con sentido, y no porque queda “estético”!), sino sobre todo a que tras toda esta parafernalia no se esconde la más mínima pretenciosidad, y eso es lo apabullante: se rueda así porque tal vez no había otro modo de hacerlo.

Además (y esto se refiere al contenido), la historia es coherente, atractiva (aunque como he señalado no excesivamente original) y sobre todo corrosiva, haciendo alarde de un tipo de humor poco corriente en este tipo de filmes, en principio tan abocados a la catástrofe y el patriotismo rancio. Claro que tiene abundantes dosis de nihilismo (no es para menos, con semejante argumento), pero se observa un esfuerzo por evitar los tópicos del género, y si bien no acaba de construir un mensaje claro, permanece todo el tiempo columpiándose entre lo políticamente incorrecto, lo subversivo y el puro cachondeo. Debe mencionarse además el gran trabajo de sus intérpretes, en especial de un Clive Owen al que el papel de tipo pasao a vuelta de todo le viene que ni pintado.

En definitiva: una película de ciencia ficción diferente, sorprendente, que incita a la reflexión, pero no deja de lado el entretenimiento de calidad. Muy, muy recomendable.

Mi puntuación: 8


Plop.



jueves, 24 de abril de 2008

LAS ALAS DE LA VIDA (2006)



A veces es imposible apartar la mirada. Películas que ordenan callar y aprender. Hacía mucho, mucho tiempo que no admiraba la verdadera grandeza del cine, cuando se despoja de toda parafernalia, evidenciando la terrible desnudez en la que nos encontramos, y que tanta vergüenza nos da mirar.

“Las alas de la vida” es mucho más que el testamento de un hombre brillante, que su entereza ante lo inevitable, que la lucidez cuando incluso lo más cotidiano se vuelve contra uno mismo. Es ante todo una llamada de atención, una súplica para que escuchemos. Más que nunca es una película que no tiene sentido sin nosotros, los espectadores, y por eso no podemos fallar a Carlos.
Por eso este documental entra dentro de los "imprescindibles": aquellos documentos que muestran verdades esenciales sobre las que no cabe hacer la vista gorda.

Y por cierto, hace un par de semanas la emitieron por la dos (Ahí la descubrí). Tuvo una audiencia del 3.4 por ciento, mientras que la de salsa rosa (emitido a la misma hora) fue del 19.4.

Y luego el manual de deontología dice: "no es que tengamos la televisión que merecemos: es que no nos dejan elegir"

Será eso.

Plop.

martes, 15 de abril de 2008

NUEVOS FRENTES

Queridos amigos y lectores del blog, me complace comunicaros que a partir de hoy disponéis de nuevos espacios en los que aportar vuestro grano de arena para que cine y revolución siga creciendo. He creado cuatro nuevos sitios web que estoy seguro harán las delicias de todos los cinerrevolucionarios, tanto de los que ya nos siguen desde hace tiempo como de los que acabáis de conocernos.

El primero es una página web convencional: cine y revolución. Como veis, de momento se va a mantener el nombre original del blog. En ella iréis encontrando contenidos complementarios a los aquí expuestos, como vídeos, fotos... siempre relacionados con lo subversivo del cine.

El segundo espacio también es una página web, pero con otro diseño más sencillo. Prima el mensaje, el contenido directo, la prosa clara y concisa.

La tercera y cuarta URLs utilizan la tecnología wiki, de modo que podréis modificarlas a vuestro antojo. Se abre así un importante cauce de comunicación entre todos los cinerevolucionarios, como podréis comprobar, con la posibilidad de que aporteis contenidos, e incluso de crear nuevas críticas y entradas conjuntas. La primera es el wikispace de cine y revolución, en el que se propone la creación conjunta entre los usuarios de un director imaginario. La segunda está hecha en wikidot, con el título de... ¿Lo adivinais? Pues sí, también se llama cine y revolución.

domingo, 13 de abril de 2008

LOS EDUKADORES (2005)

“Fidel nos ofrece salud y educación. Ningún cubano padecerá enfermedad sin ser atendido, ni será un analfabeto. Todo eso está muy bien, pero, ¿Qué podemos hacer cuando no estamos enfermos o estudiando?”
Conversaciones con un cubano, La Habana, 2008




El simple hecho de que un director se haya ocupado de llevar al cine una historia como ésta es motivo de perplejidad. El idealismo (en el sentido más puro del término) no suele ser abono para la taquilla, y sí en cambio una suerte de veneno letal para los productores (Salvando excepciones como la reciente V de Vendetta). Me refiero a que no es lo mismo representar una determinada ideología y sus consecuencias en la pantalla (como hemos visto en incontables ocasiones, por ejemplo, con el nazismo) que tratar de explicar un modo de ver el mundo muy distinto al que los espectadores están acostumbrados, y encima intentar ganarse su simpatía (y sus eurillos).

Porque en realidad (y esto Hans Weingartner lo sabe) Los Edukadores es la historia de una guerra perdida, de una batalla que se libra demasiado tarde, en un campo desierto, y de la ilusión que puede llevar a tres jóvenes (reflejo de muchísimos más jóvenes, estoy seguro) a seguir actuando conforme a unos principios que nadie más reconoce. Y sin embargo el espectador no encontrará ningún problema en identificarse rápidamente con ellos, en volverse contra un sistema –el suyo- que tiene tanto que plantearse. La sociedad del cambio, del ruido, oculta bajo sus pies la una terrible contradicción: Un sistema tan fuerte que absorbe las críticas, disfraza los productos anticulturales y los degrada a simbolos de rebeldía, que nos permite imaginar lo bien que estaríamos en un mundo sin injusticias, sin envidia, sin afán de riqueza, y salir del cine sintiéndonos un poco menos culpables.

Y es que tras lo que podría parecer un producto ingenuo, idealista (ahora en sentido peyorativo) e incluso torpemente esbozado, se vislumbra (si queremos) un profundo y apasionado reconocimiento a las inquietudes de muchos jóvenes europeos que sienten, creen y sueñan con un mundo que tal vez sólo tenga forma en sus subconscientes. Pues ellos son los jóvenes que estuvieron en Rostock, los okupas de Copenhague, y en el fondo son también todos aquellos que se solidarizan en silencio con un ideario difuso, unos principios no formulados y –paradójicamente- un sentido del deber (o lealtad) que va más allá de lo especulativo. Los edukadores parece recoger su testigo, siendo en este sentido una película tremendamente actual, sólo posible aquí y ahora, mucho más adulta de lo que una lectura superficial podría sugerir. No hablamos de cine urbano, de rollos de drogas y psicodelias varias (que acumulan un enorme bagaje fílmico), tan conmovedores como alejados de la vida del espectador; sino de posibilidades, de compromisos. Optar por un modo de vida, y ser consecuente. Aunque ello conlleve renunciar a todo lo demás, y saber que estás solo.

Y si el cine es un medio de evasión, aquí parece ganar fuerza también su ¿secundaria? labor educativa (aunque ahora hay quien dice que en realidad son los espectadores los que educan a los directores), y advierto que no es una educación a través de argumentos. En el fondo ninguno de los chicos sabe lo que hace: actúan guiados por un inexplicable presentimiento que sin embargo subyace a cualquier panfleto o manifiesto.

Porque en esta sociedad del miedo y el control, de la propiedad privada como bien supremo e indiscutible, de los anuncios de Anesvad que atraviesan nuestro inmutable cerebro, de las parcelas de felicidad prefabricada, intocable, despojada de su esencia, de Mac Donalds que comparten pared con geriátricos encubiertos, de telarañas que cuelgan por siempre de las paredes, nos gustaría sentir que podemos hacer algo para cambiar las cosas. O tal vez lo que nos gusta es el hecho de imaginar que tal vez podríamos cambiar las cosas. Que tomamos la píldora azul, y los problemas se acaban.

Pero a la hora de la verdad, si nos dieran a elegir entre la píldora azul o la roja… ¿Cuál escogeríais?

Plop.


Mi puntuación: 9